12 nov 2010

EL TRAFICANTE DE QUESO LUNAR

Digamos que por ejemplo te compro un racimo de bananas lunares, entonces tu sonríes, y apenas lo hagas yo amarro una de las sonrisas que se te salgan de la boca a una cuerda, sujeta a la vez de mis pantalones, y la sigo mucho mucho mucho rato para donde ella vaya, y así descubro el lugar al que pertenece y me llevo una red de cazar mariposas para atraparlas y guardarlas en un jarro aforado con forma de farol que ilumine mis noches de conejo lunar, de conejo azul lunar traficante de queso, de queso lunar.

Digamos que la luna se va a poner celosa al verme llegar untado de sonrisas voladoras y de labial rojo; y si me echa me voy a dormir y a traficar en tus labios donde nacen tus sonrisas. Hago una cama de labial rojo y me cubro con sonrisas; colchón de sonrisas, sabanas de sonrisas y almohada de sonrisas y si alcanzan una pijama de sonrisas, las más voladoras.

Digamos que todo esto fue verdad. ¿Sabes algo? voy a narrarle a todo el mundo el micro cuento de un conejo azul traficante de queso lunar que se enamoró de una mujer que reía sonrisas voladoras y al final terminó viviendo en su boca de labial rojo pescando de los pececitos de chocolate que ella comía todos los días y allí se quedaría hasta el día en que se acabaran las sonrisas o sea por siempre porque eran infinitas.

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