12 nov 2010

RESONANCIA

Resuenan en mi cabeza, resuenan tantas cosas: arboles floridos, guerras floridas, una pieza de Jazz, una canción de los ochenta, el primer beso que ella me dio, la barriga de mi mamá en embarazo de mi hermano menor, una calle, una casa, una mariposa azul, un árbol de zapotes, un tío avaro, las lágrimas de un perro, un cafetal, un amigo muerto, un amigo ido. Voy en bicicleta, y siguen resonando: un guayacán repleto de flores moradas, una fotografía a blanco y negro, un gato color chocolate con pintas blancas, el Gato de Tejada, una finca, el picotazo de un gallo en la tarde del veintidós de marzo de mil novecientos noventa, mil novecientos noventa, mil novecientos ochenta y cuatro, Orwell, muere Cortázar, una mariposa amarilla, una cachetada que me pegó mi papá cuando estaba chiquito, mi hermano mayor partiéndome la nariz contra las tablas del piso, abejas, lobos, ratas, tigrillos. Una señora por la casa me dice hablasolo, tal vez piensan que estoy loco, yo voy por la calle y me río: me rio de un chiste, de un guiño, de una gorda, de un niño tan carón y feo que no me importan sus insultos a mi cabello crespo. Por el barrio había un tipo que se volvió loco de tanto leer, decía carneconsangre, así pegado a cada rato y andaba loco con cuatro perros y la camisa abierta como esos asesinos de por la casa que consiguieron plata y se creen la gran mierda dentro de su amplia pobreza mental. A ese tipo no lo volví a ver. Paso por una tienda, la gente compra y los indigentes piden. Y siguen resonando como un remolino caótico todos estas imágenes: una bandera de Colombia, un chamizal, el color rojo, una mujer, una mirada de mujer, un abrazo de mujer, una cintura de mujer, la sonrisa de una mujer, el cabello de una mujer, los ojos negros de una mujer, el cuello de una mujer, los labios de una mujer, el amor por una mujer, la soledad, la taciturnidad, la oquedad, la eternidad, el chiste de una amiga, me río a carcajadas pedaleando hacia mi destino, la gente me mira, no me importa, no son nadie, todos necesitan un abrazo, todos ellos son un mediocres infelices, unos resignados desertores del sueño, me miran porque sueño despierto y rio soñando. Resuenan: Mozart, Vivaldi, Andrés Caicedo, Eduardo Galeano, un gato llamado Akira, un blues sobre una mujer que deja a un hombre y hombre le pide reconsidera nena por favor, el abrazo de un amigo, una guitarra en un parque a las dos de la mañana, miles de cigarrillos que no me gusta fumar, margaritas moradas, barcos de papel, nenitas, bonitas, Alejita, Galambrea, días azules. Las ancianas se escandalizan porque un hombre ríe en la calle. Yo pienso que a ese hombre deberían dejarlo tranquilo.

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